Desde el pasado 28 de octubre se impuso en el servicio de taxis de la ciudad una suba del 16% en las tarifas. Es decir, una “bajada de bandera” que antes marcaba 2,80 pesos pasó a costar 3,20 pesos, mientras que la ficha, que valía 13 centavos cada 100 metros, aumentó a 15 centavos. A ello, debemos sumarle la “tarifa diferencial” (viernes y sábados de 22 a 6 horas, y domingos y feriados todo el día), con lo cual sumará 3,50 y 16 centavos respectivamente. ¿Algo más? Sí, el servicio se solicita a través de radiollamada, un recargo de 0,80 centavos sobre el precio final. Sin dudas, un despropósito en un servicio público que añadió un nuevo incremento sin otorgar mejora alguna al usuario y en un contexto socioeconómico en el que cada vez se torna más lejano utilizarlo.
“La gente es reacia a pagar los aumentos, ¿me entendés?”, afirma Hugo, un chofer de 49 años que a lo largo de un viaje de quince cuadras expondrá sus argumentos a cada interrogante. “Pagaba la carne 10 pesos –continúa-, pasó a pagarla 20 y la siguió pagando, y esto es lo mismo, es hasta que acomoden la cabecita de nuevo”. Un absurdo no justifica al otro, aunque ambas circunstancias forman parte del individualismo argentino.
En primer lugar se trata, sin dudas, de un aumento más (el anterior se había realizado en abril) en un sector que no satisface las necesidades del consumidor -“Nunca se piensa en el usuario”, sostiene Carla, una ciudadana consultada por el diario La Capital en una nota publicada para la ocasión-, no cumple con las condiciones que imponen las ordenanzas municipales, las cuáles citan un localizador satelital (GPS) para seguridad, aire acondicionado encendido, no fumar en el vehículo, y hasta omiten una norma básica de tránsito: no utilizar el teléfono mientras se conduce. Entre tanto, se agrava la situación con los servicios nocturnos: basta con salir a buscar una unidad un fin de semana para comprobar que no circulan las 1.500 unidades que exige el municipio. “Se debe a la inseguridad. Esto se convirtió en un trabajo para hombrecitos”, se excusa Hugo, sin desmentir la evidente infracción.
En otro orden, tal vez sean escasas las 3.650 licencias habilitadas a tal fin, aunque desde el sector son absolutamente renuentes a la licitación de nuevas chapas. Ni la escasez, ni las magras condiciones de la mayoría de las unidades parecen poner en aprietos a los responsables del servicio público en cuestión, a pesar del remanente mensual favorable que lucen: “Calculale 200 pesos por día limpios”. Una cuenta sencilla de, aproximadamente, seis mil pesos por mes libres de gastos para el dueño de una unidad. Una cifra por demás de elocuente, que permitiría obtener otra categoría de transporte. Y con otros modales por parte de los choferes. “Hugo” mismo lo admite: “Mirá, mirá ese”, dice, y señala a un conductor que, con la ventanilla baja y un pasajero detrás, fuma y omite utilizar el aire acondicionado. Luego, concluye su idea: “Ves, mirá aquél tipo, va con la ventanilla baja. Aquél también. Pero como gasta dos pesos menos de gasoil... Típico argentino, ¿estamos como es, papi? Típico argentino…”. Así de informal es Hugo para expresarse, y para asegurar que desde el aumento el consumo ha decaído, también se remite a sus ocurrencias: “El argentino no es gasolero, es a vela. Es más económico. ¿Me entendés cómo es?”.
Finalmente, y acaso el ítem más relevante, es la situación de quienes son los destinatarios de la prestación: los usuarios o consumidores. Al respecto, Dora confiesa que ya está pensando en coordinar los viajes con las vecinas "para que nos salga más barato”. Y Hugo menciona que al taxi lo toma la gente “que sale del médico o que no llega a horario”, lo que pone de manifiesto que, un servicio que debería ser ágil, cómodo y accesible, pasa a utilizarse en la mayoría de la población ante urgencias o necesidades extremas. Y si no, estudiantes, a cargarse el bolso al hombro: desde la Terminal de Ómnibus hasta Paraguay y San Luis el recorrido se arrima a los 8 pesos. Demasiado para la frecuencia de uso.
Así el escenario, con saldo y condiciones de mercado favorables al sector; unidades, frecuencias y costos casi inalcanzables para una población que ya tiene tantos pobres como en el 2001; y con una crisis mundial como contexto, el nuevo incremento limita el servicio de taxis a una urgencia o a un bolsillo poco corriente. Sin titubeos, la necesidad más apremiante es aunarse, comprender y solidarizarse. Promover el bien común. No buscar constantemente la ventaja o el rédito personal por sobre la comunidad en general. Ahí sí, con vergüenza e impotencia, lo citamos a Hugo: típico de argentino. ¿Me entendés?.
-------------------------------------------------“La gente es reacia a pagar los aumentos, ¿me entendés?”, afirma Hugo, un chofer de 49 años que a lo largo de un viaje de quince cuadras expondrá sus argumentos a cada interrogante. “Pagaba la carne 10 pesos –continúa-, pasó a pagarla 20 y la siguió pagando, y esto es lo mismo, es hasta que acomoden la cabecita de nuevo”. Un absurdo no justifica al otro, aunque ambas circunstancias forman parte del individualismo argentino.
En primer lugar se trata, sin dudas, de un aumento más (el anterior se había realizado en abril) en un sector que no satisface las necesidades del consumidor -“Nunca se piensa en el usuario”, sostiene Carla, una ciudadana consultada por el diario La Capital en una nota publicada para la ocasión-, no cumple con las condiciones que imponen las ordenanzas municipales, las cuáles citan un localizador satelital (GPS) para seguridad, aire acondicionado encendido, no fumar en el vehículo, y hasta omiten una norma básica de tránsito: no utilizar el teléfono mientras se conduce. Entre tanto, se agrava la situación con los servicios nocturnos: basta con salir a buscar una unidad un fin de semana para comprobar que no circulan las 1.500 unidades que exige el municipio. “Se debe a la inseguridad. Esto se convirtió en un trabajo para hombrecitos”, se excusa Hugo, sin desmentir la evidente infracción.
En otro orden, tal vez sean escasas las 3.650 licencias habilitadas a tal fin, aunque desde el sector son absolutamente renuentes a la licitación de nuevas chapas. Ni la escasez, ni las magras condiciones de la mayoría de las unidades parecen poner en aprietos a los responsables del servicio público en cuestión, a pesar del remanente mensual favorable que lucen: “Calculale 200 pesos por día limpios”. Una cuenta sencilla de, aproximadamente, seis mil pesos por mes libres de gastos para el dueño de una unidad. Una cifra por demás de elocuente, que permitiría obtener otra categoría de transporte. Y con otros modales por parte de los choferes. “Hugo” mismo lo admite: “Mirá, mirá ese”, dice, y señala a un conductor que, con la ventanilla baja y un pasajero detrás, fuma y omite utilizar el aire acondicionado. Luego, concluye su idea: “Ves, mirá aquél tipo, va con la ventanilla baja. Aquél también. Pero como gasta dos pesos menos de gasoil... Típico argentino, ¿estamos como es, papi? Típico argentino…”. Así de informal es Hugo para expresarse, y para asegurar que desde el aumento el consumo ha decaído, también se remite a sus ocurrencias: “El argentino no es gasolero, es a vela. Es más económico. ¿Me entendés cómo es?”.
Finalmente, y acaso el ítem más relevante, es la situación de quienes son los destinatarios de la prestación: los usuarios o consumidores. Al respecto, Dora confiesa que ya está pensando en coordinar los viajes con las vecinas "para que nos salga más barato”. Y Hugo menciona que al taxi lo toma la gente “que sale del médico o que no llega a horario”, lo que pone de manifiesto que, un servicio que debería ser ágil, cómodo y accesible, pasa a utilizarse en la mayoría de la población ante urgencias o necesidades extremas. Y si no, estudiantes, a cargarse el bolso al hombro: desde la Terminal de Ómnibus hasta Paraguay y San Luis el recorrido se arrima a los 8 pesos. Demasiado para la frecuencia de uso.
Así el escenario, con saldo y condiciones de mercado favorables al sector; unidades, frecuencias y costos casi inalcanzables para una población que ya tiene tantos pobres como en el 2001; y con una crisis mundial como contexto, el nuevo incremento limita el servicio de taxis a una urgencia o a un bolsillo poco corriente. Sin titubeos, la necesidad más apremiante es aunarse, comprender y solidarizarse. Promover el bien común. No buscar constantemente la ventaja o el rédito personal por sobre la comunidad en general. Ahí sí, con vergüenza e impotencia, lo citamos a Hugo: típico de argentino. ¿Me entendés?.
Fuentes (click para acceder al artículo):
- "Vía libre para el aumento de taxis en el Concejo", Rosario3.com 14/04/08.
- "Mañana aumenta la tarifa de taxis", La Capital 24/04/08.
- "Doble aumento del taxi: sube la tarifa y se aplica un plus nocturno", La Capital 07/10/08.
- "Nunca se piensa en el usuario", La Capital 07/10/08.
- "Luz verde a la suba de taxis de entre 15 y 22 por ciento", Rosario3.com 16/10/08.
- "Taxis y remises arrancan mañana con la nueva tarifa", La Capital 27/10/08.
- "Desde este martes rigen los aumentos en la tarifa de taxis", Rosario3.com 27/10/08.
- "Rigen desde hoy las nuevas tarifas para taxis y remises", La Capital 28/10/08.
- "Vía libre para el aumento de taxis en el Concejo", Rosario3.com 14/04/08.
- "Mañana aumenta la tarifa de taxis", La Capital 24/04/08.
- "Doble aumento del taxi: sube la tarifa y se aplica un plus nocturno", La Capital 07/10/08.
- "Nunca se piensa en el usuario", La Capital 07/10/08.
- "Luz verde a la suba de taxis de entre 15 y 22 por ciento", Rosario3.com 16/10/08.
- "Taxis y remises arrancan mañana con la nueva tarifa", La Capital 27/10/08.
- "Desde este martes rigen los aumentos en la tarifa de taxis", Rosario3.com 27/10/08.
- "Rigen desde hoy las nuevas tarifas para taxis y remises", La Capital 28/10/08.
Audio nota:
*Producción final realizada para la asignatura Redacción I - Postítulo en Periodismo U.N.R.
